Jerusalen, Cuarenta Años después
Padre Tomás Del Valle-Reyes
10 de Junio, 2007
Diez y siete veces ha sido destruida. Diez y ocho reconstruida. Aparece mencionada seiscientas cincuenta y seis veces en la Biblia. Es la capital indivisible y única del pueblo de Israel. Es el recuerdo obligado en toda fiesta judÃa. El musulmán ve en ella el lugar desde donde el Profeta subió a los cielos. El cristiano la recuerda como la última ciudad que vio Jesús antes de partir de este mundo.
En junio de 1967 cambió radicalmente el panorama de la ciudad y las vidas de palestinos y judÃos. Todos recuerdan ahora la guerra de los Seis DÃas. Los palestinos, con pesar y frustración. Los judÃos, con una alegrÃa matizada por la evidencia de que tan sonada victoria militar no hizo sino complicarlo todo.
Desde aquella guerra las relaciones entre ambos pueblos, cada vez más proclives al extremismo, se han envenenado Lejos quedan las palabras y deseos de Golda Meir abogando y vaticinando un entendimiento de ambos pueblos. El fracaso de los procesos de paz ha crecido desde entonces llevando al nacimiento de grupos radicales en ambos bandos. Y, desde 1967, el conflicto polÃtico y territorial se ha ido impregnando de aromas religiosos, los cuales son altamente peligrosos. La brecha entre ambas comunidades es cada vez más profunda.
Cuarenta años después nos encontramos por un lado con una comunidad cansada de violencia y de fundamentalismos. De tener que vivir con el miedo en la espalda de un posible atentado. Muchos se cuestionan si valió la pena ocupar terrenos que se están llenando de fanáticos religiosos. Pero el alma judÃa lleva dentro de ella un espÃritu de lucha y de paz Los palestinos, que vieron su tierra ocupada. Que vieron sus vidas alteradas por unos vecinos que nunca quisieron y con los cuales han estado combatiendo por los últimos sesenta años, recuerdan estos cuarenta años como parte de una larga historia de frustraciones, traiciones mentiras y desencuentros. También ellos desean y llevan dentro de ellos un deseo de paz y de justicia. También ellos sienten esta tierra como suya. También ellos desean convivir en paz con sus vecinos. También ellos son vÃctimas de fanáticos religiosos.
Ambas comunidades buscan y necesitan lÃderes que les lleven a la paz y al entendimiento. LÃderes audaces y capaces de ilusionar a sus pueblos. ¿Dónde están?