Evangelio según Marcos
El Endemoniado de Gerasa
Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. Apenas habÃa bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseÃdo por un espÃritu malo. Isaias 65,4 Bar 3,11 El hombre vivÃa entre los sepulcros, y nadie podÃa sujetarlo ni siquiera con cadenas. 4 Varias veces lo habÃan amarrado con grillos y cadenas, pero él rompÃa las cadenas y hacÃa pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. DÃa y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras.
Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies.
Entre gritos le decÃa: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios AltÃsimo! Te ruego por Dios que no me atormentes.» Es que Jesús le habÃa dicho: «EspÃritu malo, sal de este hombre.» Cuando Jesús le preguntó: « ¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos.» Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región.
HabÃa allà una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. Los espÃritus le rogaron: «EnvÃanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos.» Y Jesús se lo permitió. Entonces los espÃritus impuros salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que habÃa sucedido.
Se acercaron a Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que habÃa estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. 16 Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras.
Cuando Jesús subÃa a la barca, el hombre que habÃa tenido un demonio le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.» El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús habÃa hecho con él; y todos quedaban admirados.
Jesús resucita a la hija de Jairo
Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo. Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentÃo, que lo oprimÃa. Se encontraba allà una mujer que padecÃa un derrame de sangre desde hacÃa doce años. HabÃa sufrido mucho en manos de muchos médicos y se habÃa gastado todo lo que tenÃa, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.
Como habÃa oÃdo lo que se decÃa de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.» Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
Pero Jesús se dio cuenta de que un poder habÃa salido de él, y dándose vuelta en medio del gentÃo, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?» Sus discÃpulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?» Pero él seguÃa mirando a su alrededor para ver quién le habÃa tocado. Entonces la mujer, que sabÃa muy bien lo que le habÃa pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad. Mateo 8,18
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.» Jesús estaba todavÃa hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?» Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe.» Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.
(Mateo 27,52 1Cor 11,30)
Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.»
Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venÃan con él, y entró donde estaba la niña. Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!»
La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenÃa doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sÃ. Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.