
AsÃs, Umbria y Romana
En el corazón de Italia y de la región umbra, AsÃs, más que asentada, está como aferrada a una estribación del monte Subasio, del que parece que derive su nombre (asio equivale a monte). AsÃs fue romana desde que los latinos se impusieron sobre umbros y etruscos (295 a.C.), y gozó de la categorÃa de municipium (89 a.C.), con los consiguientes derechos de la ciudadanÃa romana. En su amplio territorio, delimitado por el Topino y el Chiascio, afluentes del TÃber, hay vestigios de un rico pasado: un teatro y un anfiteatro, las termas, la plaza del senado y el imponente templo (25 a.C.) dedicado a Minerva –la etrusca Menerva, correspondiente a la griega Palas Atenea-, diosa guerrera e inteligente, sabia y de buenas costumbres, protectora de estados y ciudades, promotora de las artes y el comercio, la cultura y la salud. SÃmbolo de paz, a ella se le atribuye la invención del olivo, gloria perenne de la tierra asisana.
El cristianismo arraigó pronto en la ciudad, gracias, sobre todo, a la labor evangelizadora de sus obispos mártires San Rufino y San Victorino. A la caÃda del Imperio, AsÃs sufrió asedios y destrucciones por parte de las hordas de Totila (505), pero aún formó parte, por un tiempo, del imperio bizantino, antes de ser tomada definitivamente por los longobardos del cercano ducado de Espoleto, entrando asà en el largo periodo feudal.