Santa Micaela Vizcondesa de Jorbalán

Santa Micaela Vizcondesa de Jorbalán



País: España
Fiesta: 15 de Junio

Hija de nobles y grandes señores, Micaela Desmassieres, vizcondesa de Jorbalán, nos trae la hermosa enseñanza de la grandeza santificada. Micaela. Grande por nobleza de sangre y educación. Grande por su vida entre grandes, en la corte de Luis Felipe de Orleáns, en la corte de Leopoldo de Bélgica, y en la de Isabel II de España. Grande por sus espléndidas cualidades naturales. Diestra en la equitación, en la pintura, en la música, tocaba el arpa; inteligente y capaz y con don soberano de gobierno. Enjambre de pretendientes; pudo haberse casado con quien hubiera querido. Renunció a la grandeza humana por adquirir la divina...

SE ENTREGÓ AL AMOR, A LA CARIDAD.

Micaela, la aristócrata, comienza visitando en Madrid el hospital de San Juan de Dios, donde conoce el desamparo de las malas mujeres. Y Micaela, muy pronto se convierte en ángel de la caridad. En París, donde la aman los traperos y los revolucionarios que la salvarán prendiendo sobre su pecho la escarapela tricolor.

Micaela había decidido entregarse del todo a su modesta tarea de recoger chicas caídas o en peligro. Y pasó ayudada por la gracia de Dios, de aristócrata a fundadora de un Instituto consagrado a las prostitutas. En la calle de Atocha, 74, el Colegio de desamparadas es el escándalo de la Corte en 1850. Una grande de España, despojada de sus galas y escarnecida por el mundo, funda con su misma vida la obra dedicada a las más pequeñas y despreciadas de la sociedad.

A ellas y para ellas, para gloria del gran Amigo de Micaela, es una de las mujeres más apasionadas por el Sacramento de la Eucaristía. La fundadora de las Adoratrices será siempre la Madre Sacramento; su trabajo con las chicas perdidas irá ungido de oración continua ante el Sagrario de sus amores- La vida de Santa Micaela es un continuo desarrollo de amor eucarístico que la acompañará por doquier, dando el alto tono a su espiritualidad y a su obra. ¡Qué dolor el de aquel día en que el párroco vino dispuesto a retirar el Sagrario de su casa!.

COMBINACIÓN ORIGINAL Y ESCANDALOSA

Jesús Sacramentado y las mujeres perdidas, y todo dirigido por una noble vizcondesa. Se comprende lo sucedido en aquel Madrid. Micaela no podría llegar a santa sin saborear las humillaciones de su Señor, como buen soldado suyo. Y las pudo saborear a gusto. En algunos lugares la entrega de las jóvenes a Dios, reviste rasgos problemáticos en los que prevalece una concepción materialista y decadente de la existencia. Esa mentalidad choca frontalmente con el ideal cristiano y sus exigencias en la vida práctica, y es causa de malestar e insidias, calumnias y murmuraciones. No es nada nuevo: ¿quién hay en la historia del cristianismo que no haya tenido que morder la fruta amarga de la contradicción, de la murmuración o de la calumnia? Pero las almas de Dios no hacen caso de esos mosquitos venenosos. San Carlos Borromeo decía que "no conviene desanimarse por habladurías de gentes que siempre tienen en la cabeza imaginaciones raras. Basta obrar rectamente en todo y luego que cada cual diga lo que quiera". Pero uno de sus detractores le disparó con un arcabuz mientras rezaba. También a Don Bosco le dispararon, intentaron acuchillarle; recurrieron al veneno; trataron de matarle a palos... En la vida de San Francisco de Sales, como en la vida de la mayoría de los santos, hay un largo capítulo dedicado a las difamaciones e injurias. En esos capítulos se proyecta con frecuencia la sombra de Judas: muchas de esas insidias provienen de personas que abandonaron la vocación, o que estuvieron muy cerca de los hombres y mujeres de Dios. El Obispo de Ginebra había logrado convertir de su mala vida a Mlle. Bellot, que después de vivir una temporada en el convento de la Visitación, dirigido por Santa Juana de Chantal, volvió a sus andanzas y se convirtió en la amante de un señor de la corte del Duque de Nemours. El escándalo alcanzó dimensiones colosales.

LA REACCIÓN NO SE HIZO ESPERAR

El amante de la Bellot, despechado, falsificó la letra del Obispo y escribió una carta falsa, supuestamente dirigida a esa mujer, que leyó toda la ciudad escandalizada. Las calumnias y las habladurías fueron en aumento y un día apareció un cartel en la puerta del convento que decía: "burdel del Obispo de Ginebra". El Obispo no se justificó, si la acusación se sostiene hay que oponer la indiferencia y el silencio". Juana de Chantal, con su carácter fogoso y vehemente no comprendía aquella tranquilidad; quería denunciar a los falsificadores y llevarlos a los tribunales. El Obispo la calmó. Había que rezar por ellos y perdonarles. Un día se encontró con el autor del cartel y le dijo: "Vos me queréis mal y procuráis por todos los medios ennegrecer mi reputación; no hace falta que me deis excusas, porque lo sé muy bien y estoy seguro de ello. De todos modos, ya lo veis, si me hubierais arrancado un ojo, yo no dejaría de miraros amorosamente con el otro".

Historias como ésta podrían contarse de Santo Tomás Moro, de San Pedro Claver, del Cura de Ars o de Santa Teresa. Realmente, no ha habido santo libre de murmuraciones, trapisondas y enredos. Y no han sido sólo cosa de los comienzos de la Iglesia o frutos pasajeros de un momento. Las hay hoy también. La murmuración se ha ensañado con almas de reconocida santidad. Un día la chusma de Roma contempló que dos soldados conducían a un pobre anciano de ochenta y seis años, ia las prisiones del Santo Oficio. Le habían detenido de repente, sin darle tiempo a ponerse el sombrero. Caminaba incierto, encorvado y tambaleante. Era San José de Calasanz.

El despecho murmurador llegó hasta Ars, una pobre aldea, donde un humilde párroco conmovía a toda Francia con su amor a Dios. "Durante este tiempo –escribía vivía esperando que me arrojarían a palos de casa para encerrarme en un calabozo".

Si la caridad tiene pies, la envidia y el despecho tienen alas. Ahí está actuante el mysterium iniquitatis: es imposible descubrir la clave de la pasión oscura que late bajo la ciénaga del mal. Pero siempre procede del mismo modo: insinuaciones viscosas, sospechas infundadas, acusaciones contra los que se entregan a Dios.

VICTIMA DE LAS CALUMNIAS

Murmuraciones de ese tipo llegaron hasta la corte de Isabel II. Se cuchicheaba en todos los corros palaciegos: "¿no sabes? la de Jorbalán, la mismísima vizcondesa de Jorbalán se ha vuelto loca: se dedica a reeducar mujeres de mala vida". Y no faltaban las suposiciones maliciosas: ¿y no será que en vez de reeducarlas lo que hace es...?" Hasta un marqués amigo, se la encontró en la antesala de un ministerio, y empezó a gritarle: "Pero, ¿es posible que haya perdido usted la cabeza hasta ese punto? Déjese de tonterías, vuélvase a los suyos, que están desconsolados con sus locuras y no le busque Vd. cinco pies al gato..." Afortunadamente Santa Micaela no le hizo caso.

Las murmuraciones contra las almas entregadas a Dios no descansan nunca. A los disipados y hasta disolutos se les perdonará todo. A los que quieren vivir piadosamente con Cristo los matarán a disgustos y sinsabores. “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán". De San Juan Bosco, se han escrito las sospechas más torpes y las calumnias más bajas. Y a Santa Teresa –a la que acusaron de todo durante sus andanzas por Castilla Y Andalucía– e incluso hoy algunos la consideran neurótica.

A Micaela lo menos que la llamaron fue loca, lo más corriente, escandalosa y mujer de vida absurda, que mezclaba la Eucaristía y el trato con las prostitutas. Así pensó una reina y así se lo dijo un arzobispo, así sus parientes. Santa Micaela, ante la escalera do palacio, por donde suben los Grandes, humillada por un alabardero que le niega el paso, porque iba vestida de paño y con alpargatas. Así es cómo nos da la mejor imagen que constituyó la preciosa forma de su vida grande, vida que no podía tener otra muerte que la de la mártir de la caridad, que llega a Valencia, víctima de la peste, y se contagia con e! morbo de! cólera y el otro morbo más grave, el del amor. En Valencia muere. Y en Valencia conservan sus hijas, las Adoratrices, su cuerpo incorrupto que causa la mayor devoción. Bendita la lección de los grandes que alcanzaron lo que Dios prometió a los pequeños. Buena por fecunda y por origina! Y femenina. Supo enaltecer su grandeza de la tierra por otra grandeza convertida en fuerza operante.