
Los Papas y El Santo Rosario
Juan Pablo II:
En oración con MarÃa,
Madre del Señor
(Angelus del 13 de noviembre, 1983)
1. La Iglesia es, ante todo, una comunidad orante. El Pueblo de Dios ha sido liberado para celebrar el culto del Señor. Toda la vida de los redimidos debe ser un acto de culto, una liturgia de alabanza, un sacrificio agradable a Dios.
La transformación de nuestra vida y del mundo en sacrificio de alabanza no es obra nuestra, sino del Señor. Uniéndonos a Cristo-Sacerdote, a su sacrificio y a su oración, nosotros con todo el universo nos convertimos en una ofrenda al Señor.
Los creyentes son esencialmente una comunidad litúrgica: en el templo, en las casas, en la vida ejercitan el oficio sacerdotal. Los Hechos de los Apóstoles, al presentar los rasgos fundamentales de la Iglesia primitiva, ponen de relieve la importancia que en ella tenÃa la «oración»: «Perseveraban en oÃr la enseñanza de los Apóstoles, y en la unión fraterna, en la fracción del pan y en la oración... Diariamente acudÃan unánimemente al templo, partÃan el pan en las casas... alabando a Dios» (Act 2, 42. 46-47). Y también: «Todos éstos perseveraban unánimes en la oración... con MarÃa, la Madre de Jesús» (Act 1, 14).
2. En la comunidad de los creyentes en oración, MarÃa está presente, no sólo en los orÃgenes de la fe, sino en todo tiempo.
«Asà aparece Ella en la visita a la madre del Precursor, donde abre su espÃritu en expresiones de glorificación a Dios, de humildad, de fe, de esperanza: tal es el MagnÃficat, la oración por excelencia de MarÃa, él canto de los tiempos mesiánicos, en el que confluyen la exultación del Antiguo y del Nuevo Israel» (Exhortación Apostólica de Pablo VI Marialis cultus, 18). MarÃa aparece virgen en oración en Caná, virgen en oración en el Cenáculo. «Presencia orante de MarÃa en la Iglesia naciente y en la Iglesia de todo tiempo, porque Ella, asunta al cielo, no ha abandonado su misión de intercesión y salvación. Virgen orante es también la Iglesia, que cada dÃa presenta al Padre las necesidades de sus hijos, alaba incesantemente al Señor e intercede por la salvación del mundo» (ib. 181).